miércoles, julio 19, 2006

Lidia, cuánto tiempo

Lidia bajó cuidadosamente las escaleras del altillo con la caja en la mano, sosteniéndola como si fuera un tesoro. Se sentó en el suelo bajo la ventana (si corriera un poco de aire…), quitó el polvo acumulado en la tapa y la abrió.

Ahí estaban sus prioridades, un caos de piezas de colores opacos. Las miró desanimada y pensó que ya lo haría mañana, pero al incorporarse (por qué narices he tenido que sentarme en el suelo) el dolor volvió y le dijo que no podía esperar más.

Las fue sacando y las observó girándolas entre sus dedos, desiguales, más pequeñas a medida que vaciaba la caja. A algunas, diminutas y perdidas en un rincón, ni siquiera las recordaba.
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Colocó la última pieza encima de las demás, una bolita azul (yo), y cerró la caja apoyando la mano en la tapa (la pondré en la estantería). Recogió del suelo las que había desechado, caprichos ajenos disfrazados de prioridad, y se levantó para tirarlas.

¿Sí? (el teléfono había sonado) no, claro. Es que ahora iba a… Ya, pero ¿no podr…? está bien, está bien, voy.

Cogió el bolso y las llaves, se recompuso el pelo frente al espejo del recibidor y salió dando un portazo.

La caja, aún en el suelo, vibró ligeramente. Se oyó un leve tintineo.
 

1 Comments:

At 10:45 PM, Blogger Gorpik said...

Oooh, es cierto, has vuelto.

Vale, he tardado más que la siringueta en enterarme, pero es que vivo más lejos, oye.

 

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