lunes, febrero 09, 2004

La jefa de mi amiga, capítulo 666

A veces no os cuento las cosas para no hacerme pesadita, pero estoy hasta el gorro de mi amiga; todo el día dando la vara. Ya sabéis mi opinión, pero ella insiste en que lo que pasa es que yo no la quiero entender.

Que me pregunto yo que qué es lo que no quiero entender, si está todo clarísimo. Su jefa es una persona genial, a la que le ha tocado en el sorteo una zoquete de secretaria que cree que su ombligo es el centro del mundo.

Cristina (ya debéis de saber que mi amiga se llama, casualmente, como yo) va de no sé qué (a lo mejor se cree muy interesante) y no acostumbra a participar en los corrillos de sus compañeros de trabajo (todos ellos super divertidos, no veas, se pasan el día bromeando y diciendo raro, raro, raro ... cuñaaaooo y cosas así... mmmpff... perdonad, pero yo es que me parto). Cuando su jefa la ve así, como apartada, como es tan buena persona, le sabe mal y en lugar de quedarse en su despacho haciendo cosas, se sienta en la silla que mi amiga tiene para las visitas y hace llamadas y trajina papeles allí para que no se sienta marginada. Además, mientras, le va tarareando zarzuelas y las canciones de OT candidatas a eurovisión (¡se las sabe todas!). ¿Creéis que mi amiga valora su esfuerzo? Nooo, encima dice que la desconcentra ¡Vamos, ni que trabajara en ingeniería genética!

Pero eso no es todo, cuando la buena mujer ve que a Cristina se le amontonan tres o cuatro papeles, como es así como muy natural y no se le caen los anillos, coge y se los archiva. ¡Qué más quisiera yo que el desastre de mi jefe archivara algo! Pues mi amiga, hala, a refunfuñar; dice que ella archiva de adelante para atrás y su jefa al revés, y que luego no encuentra las cosas. ¡Coñe, pues que busque! No, si... en fin...

Otra cosa que tiene la jefa de mi amiga es que es una persona de ideas super geniales, en serio. El otro día, sin ir más lejos, estaban esperando unos datos importantes que les tenían que enviar por correo electrónico. La jefa de mi amiga estaba un poco nerviosa, normal, y le preguntaba si había llegado el correo cada tres o cuatro segundos (frecuencia que, en contra de la opinión de mi amiga, pienso que lo único que demuestra es lo responsable que es). Llegó un aviso del antivirus diciendo que no había dejado entrar un mensaje –remitido precisamente por los que tenían que enviar los datos- porque contenía un virus. Mi amiga fue a decirle a su jefa que llamara preguntando y avisándoles. Dice que le tuvo que explicar unas ocho veces lo que había pasado, las tres últimas un poco nerviosa (pero ya sabemos todos que es una histérica y que lo único que pretende su jefa con eso es que aprenda a estructurar las frases). Entonces, la jefa de mi amiga tuvo una idea brillante: “¿El antivirus no te deja entrar el mensaje? ¡Pues que me lo envíen a mí, que no tengo antivirus!”. Genial ¿verdad? pues ¿creéis que mi amiga lo supo valorar? nooo, claro, ella siempre tiene que ir de víctima.

Lo voy a dejar por hoy. Otro día os cuento cómo domina el outlook la jefa de mi amiga y cómo es imposible hacérselo entender a ella.

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