viernes, diciembre 05, 2008

Batukaa!

Como ya saben los que lo practican, esto del deporte es un vicio que no te lo acabas. Supongo que será cosa de las endorfinas, pero cómo cuesta quedarse quieto, eh. Total, que tenía un huequito y me dije voy a apuntarme a batuka, que eso aun no lo he probado.

Cogí un pantalón de chándal y una camiseta cualquiera y me fui para la clase. Laura, la instructora, es genial. Y normal. Es decir, no muy alta, delgada pero de miembros redondeados, con su todo bien puesto en su sitio. Se mueve y hace que parezca fácil, levanta el brazo y parece que flote, mueve la cadera y provoca una onda de armonía. 

Me situé justo detrás de ella y empecé a imitarla. A ver... no, no era tan difícil... una mano así, la pierna hacia arriba... Me sentí ágil, graciosa, sexy, completamente suelta... Miré a mi alrededor, no estaba mal, algunas lo hacían casi tan bien como yo. Pero... ¿qué era eso? Jojojo, mira a esa tía, absolutamente agarrotada y pato, jojo... Anda, pero si me está imitando. Eso, sí, hala, mueve la cintura, dale otra vez... ¡creerán que te ha dado una apendicitis! Ueepa, nena, ¡cuidaao, que le vas a dar a alguien! 

No sé cuándo me di cuenta de que era el espejo, no soy tan lista como vosotros. Pero no era culpa mía, yo tengo ritmo, lo juro. Oigo "chis plas" y sé poner un pie aquí y otro allí siguiendo el compás. La culpa, deduje de un vistazo rápido, era de la ropa. Claaro, si es que iban todas super monas y modernas, con pantalones ajustados o abombachados y camisetas sin mangas. Digamos que venía a ser el vestuario de un calendario de bomberos pero en mujer. Cómo iba a competir yo, que más bien parecía una monja de ejercicios espirituales. Pero ya se enterarían, a la próxima clase iría como ellas, ¡Ja! Yo *puedo* vestirme así, qué narices, soy alta y delgada, tengo un casi-cuerpo de modelo. 

Y lo hice. Me sentía bien, segura de mí misma. A ver quién podía con mi casi-cuerpo de modelo. Sonó la música (batukaa!) y empecé a bailar.

Estoy convencida de que alguien, en algún momento de la creación de mi persona, se durmió y se descontó con la medida de mis miembros que, con mi nuevo conjunto, parecieron desbocarse, borrachos de la alegría de verse sueltos. Los brazos destacaban airosos cual palos de gallinero; las piernas, con el pantalón pirata, me hacían parecer uno de ellos, por lo de las patas de palo. 

Ha pasado un año y sé que mi golpe de cadera nunca será como el vaivén de un barco y que mis brazos nunca parecerán el vuelo de una paloma, que más bien parezco toda yo una carraca a punto de ponerse a sonar, pero soy feliz. 

Estoy tan concentrada intentando mantener la distancia de seguridad para no sacarle un ojo a alguna e intentando coordinar algún movimiento, que me olvido de todo. Me entrego al merengue, reguetón, chachachá o lo que sea eso que suena (batukaa!) y me dejo llevar, la mente en blanco. Y, bueno, la tranquilidad que da saber que si me quedo sin trabajo puedo ir a ver eso de aparcar aviones, que conmigo se ahorrarían los banderines.

1 Comments:

At 1:50 p. m., Blogger Amparo said...

Benvinguda bonita !!!
E.

 

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