miércoles, octubre 13, 2004

Grandes enigmas

Cuánto tiempo, estarán diciendo algunos. Pero (¡ajá!), como siempre, tengo una buena excusa; no creáis que andaba de fiesta por ahí, no, nada más lejos de la realidad, he estado aislada del mundo exterior resolviendo uno de los grandes enigmas de la humanidad moderna: el misterio de los calcetines desaparecidos.

Porque ¿quién no tiene un montón de calcetines solitarios cuyo par ha desaparecido misteriosamente en el trayecto que va del capazo de ropa sucia al de ropa limpia para plegar? Gracias a mi trabajo, se acabaron las insomnes noches plagadas de preguntas (¿habrá un chino enano coleccionista en el tambor de la lavadora? Con el cuento éste del Feng Shui ¿habré colocado la lavadora a tiro del triángulo de las Bermudas? ¿Se habrá caído detrás de El Mueble?).

El otro día salí corriendo detrás de Mireia, que se iba, para decirle no sé qué que se me había olvidado. Ella ya no estaba, pero al girarme para entrar en casa lo vi; un calcetín me miraba avergonzado desde el suelo del rellano. Se metió para adentro corriendo, haciendo como que sólo había salido a mirar... pero ya era demasiado tarde, lo había pillado y destapado el pastel: los calcetines no desaparecen, se van de casa.

Mis arduas investigaciones (que, lo reconozco, no han incluido el método Stanislavsky) me han llevado a la conclusión de que motivos no les faltan; que mira que llevan una vida arrastrada, allí, sofocados y soportando la tirantez entre el dedo gordo y el talón (que se ve que hace mucho que no se hablan). Y no olvidemos los problemas de la vida en pareja que, si ya es difícil para las personas (que pensamos y eso), cómo va a ser para un calcetín. Emparejado, nada más salir de la fábrica, con su media naranja impuesta... ay... ya se sabe que “el que no la corre de soltero, patada en los talones”. Y luego están esas continuas orgías de agua caliente y detergente, con camisones, bufandas y toallas, que les abren a nuevos mundos y les van cambiando. Tiene que ser difícil mantener la monogamia cuanto a tu pareja se le ha aflojado la goma y no puedes dejar de pensar en aquel calcetín de ejecutivo tan elegante que conociste en la lavadora la otra noche.

Conclusiones finales: si quieres conservar la armonía en tu hogar, ama a tus calcetines; háblales amorosamente cuando te los quites por la noche (sin fruncir la nariz, que son muy sensibles), hazles sentir que te importan; explícales que los ejecutivos son unos estirados que sólo les quieren por interés, y... bueno, lávate los pies de vez en cuando.

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