Lucas y yo, 2ª parte

Creo que lucas es muy feliz. Con el calorcito se pasa el día en el balcón, saltando de un tiesto a otro y llenándolo todo de tierra. Además del agua que tiene en aquella especie de biberón de su jaula, le pongo un recipiente lleno en el suelo. Le encanta beber allí, y cuando termina se incorpora y se limpia la boca con las dos manitas, sacudiéndose para secarse; es un conejo muy fino (¡y muy limpio!).
A partir del mediodía, cuando el sol da fuerte, entra en casa y busca algún rincón fresquito. Su preferido es debajo del radiador, detrás del sofá; se echa allí y se estira para que toda la barrigota le toque al suelo, que así se refresca.
Si le busco y no está ahí, lo más seguro es que esté en su biblioteca, leyendo (en el revistero ya sólo pongo revistas que no me importan para que pueda destrozarlas a conciencia) o que se haya escapado a espiar al pasillo. Es muy divertido mirarlo, va por el pasillo como si estuviera en zona prohibida, avanzando despacio y pegadito a la pared, asomando la cabeza por la esquina antes de continuar.
Por la noche, cuando llego, también entra y mientras ceno juega dando vueltas alrededor de mis pies y se lía saltando por encima y entre ellos, como un remolino de cosquillas suaves.
lucas
